“La inducción o interrupción del embarazo” 1ª parte

Aclaro que me referiré al bebé en masculino por la dificultad que supone leer especificando los dos sexos cada vez, pero que obviamente el sentido abarca los dos.

Muchas veces las parejas se pasan meses y/o años intentando concebir un bebé sin conseguirlo y un día de repente se produce el milagro. A veces después de haberse sometido a una fecundación in vitro o incluso después de haber optado por la adopción, pensando que nunca podrían concebir. Eso quiere decir que el bebé “toma cuerpo” (se fecunda), cuando él lo decide, no cuando los demás escogen.

Cuando se inicia una gestación, la mujer no ha de hacer más que cuidar su alimentación, su higiene e intentar estar tranquila. El bebé entra y se pone a trabajar. Hace toda la tarea. Comienza con una multiplicación y subdivisión de células que le conformarán. Esto pasa a un ritmo vertiginoso pero asumible para él, pues la naturaleza apoya todo ese intenso trabajo.

Durante los nueve meses, las células que van formando cada parte de su cuerpo: sistema nervioso, órganos, glándulas, articulaciones, huesos, músculos, tejidos… saben dónde tienen que dirigirse y lo que hay que hacer para ir completando, lo que más tarde será un organismo perfecto y preparado para salir.

Ya en ese momento es un ser completo que sabe dirigir su obra. Un ser completo en potencia y ya contiene (aunque todavía no es visible a los ojos humanos) todo el potencial que irá desplegando durante su vida. Se desarrolla al completo, aunque nadie le guía, nadie le orienta ni le ordena, la única cosa que puede hacer su madre es contenerle y esperar a que acabe su trabajo.

¿Y qué fuerza produce eso?, a día de hoy es un misterio que se escapa a nuestra capacidad de entendimiento. La cuestión es que el bebé se hace sólo.

A medida que avanzan los meses, se va completando, ultimando los detalles que le permitirán vivir fuera del útero y preparándose para el gran momento.

Poco a poco todo su organismo se va perfilando y se prepara para salir, sus pulmones están maduros (cosa que parece ser que pasa alrededor de la semana 35), en este punto, la mayoría de los bebés tendrían capacidad de respirar por sí mismos y sobrevivir fuera el útero…
Pero, si es así, ¿por qué no nacen en ese momentos?, la respuesta es sencilla, porque aún no están preparados. No están cuajados del todo, antiguamente se decía que les faltaba un hervor, no están listos para su salida.

Que tengan capacidad de sobrevivir si salen, no quiere decir que el trabajo esté completo. Existen detalles intangibles para nosotros, que tienen que ir puliendo y acabando. El bebé necesita un tiempo “x”, que ronda alrededor de los 9 meses, para concluir un proyecto que comenzó con su fecundación y que no todos los bebés completan al mismo tiempo. Cada uno tiene su ritmo.

Él, y sólo él, sabe cuándo está maduro y cuando es el momento oportuno para iniciar su salida. Nadie más tiene esa información, esa potestad, ni el derecho de interrumpir la conclusión de un trabajo que inicio por su cuenta.

Nadie, ni los padres ni los profesionales tienen derecho a poner final a ese trabajo, porque no saben lo que están interrumpiendo.

Cuando se interrumpe una gestación tendrá lugar una cascada de consecuencias, que influirán en la persona que nace, para siempre.

Tanto los padres como los profesionales, son responsables del bienestar de esa criatura y con ese gesto la están perjudicando gravemente. Esa acción, tendrá resultados catastróficos en ella para el resto de su vida.

Ángeles Hinojosa

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