“La induccion o interrupción del embarazo” 2ª parte

El impacto y los efectos emocionales en la personalidad

En las últimas décadas, miles de niños han sido y son arrancados del útero, obligados a
abandonarlo sin que estén preparados para ello y sin pensar en el perjuicio psicológico y
demasiadas veces físico, que se les ocasiona.

Interrumpir una gestación antes de que el bebé haya dado señales de que está preparado, hace que se quede sin completar un proyecto en el que lleva nueve meses trabajando. Es la primera falta de respeto que se ocasiona a una persona y ésta forma de iniciar su aventura fuera del útero condicionará su forma de ver el mundo.

Ese cambio repentino para el cual, el bebé no se ha preparado, le produce una gran sensación de desconcierto, sensación de impotencia e incapacidad, que se instauran en su personalidad siendo sus compañeros de viaje durante toda su vida, formando su carácter y sin que nadie relacione sus reacciones o formas de comportarse ante las situaciones con la forma en la que vino al mundo.

Poniéndonos en la piel del bebé.

El bebé se encuentra trabajando en un proyecto que comenzó hace nueve meses. Ultimando cada detalle y planificando su salida. De pronto, todo se interrumpe, su mundo se desploma y se queda sin el líquido amniótico en el que ha vivido siempre. Se siente desprotegido y sin saber qué pasa. Nadie le ha preguntado si estaba o no a punto, nadie le ha avisado y nadie le ha explicado lo que le van a hacer. Es una experiencia que volvería loco a cualquier adulto.

Cuando se ha privado a un bebé de acabar lo que comenzó, las sensaciones que se instauran en su personalidad son diversas, pero entre las más habituales están:

“Aún no estoy preparado/a”,

“Yo no sé acabar las cosas y me tienen que ayudar”,

“Ya lo haré mañana”

“¿Y si no me sale bien?”

“A nadie le importa lo que siento”

“Nadie cuenta conmigo”

“No importa lo que yo necesito”

“Sin mí saldrá mejor”

La falta de confianza en que podrán concluir cualquier tipo de proyecto que inicien les acompaña siempre.

Suelen ser personas que comienzan muchas cosas y las suelen dejar inacabadas a no ser que se les presione y ayude a hacerlo.

Tienen poca o nula confianza en lo que hacen y sintiendo que cualquiera hace las cosas mejor.
Suelen tener la sensación de que sus sentimientos no son tenidos en cuenta por las personas que les rodean y que en realidad no le importan a nadie.

Resultados

Estas son solo algunas de las consecuencias de la interrupción de la gestación. Es importante tener en cuenta la forma en la que nacimos o nacieron nuestros hijos, parejas, padres… y que con ellas, hemos de encarar la vida de la mejor forma que podemos cada uno/a.

Nos sentimos con la obligación de difundir estos conocimientos para tener en cuenta que las personas que han sufrido estas situaciones, necesitan ser comprendidas y acompañadas, al tiempo que se buscan recursos para minimizar las consecuencias.

Entendemos que a muchas personas les resulte difícil creer que esto sea así, pero nuestra
experiencia con la técnica de crecimiento personal Rebirthing, acompañando renacimientos desde hace tantos años, nos permiten asegurar que lo que decimos es cierto e invitamos a quien lo dude a experimentarlo personalmente. Es fácil.

¿Qué podemos hacer?

Si el nacimiento aún no se ha producido, defendiendo a capa y espada a esos bebés y no dejando que les produzcan un trauma sin necesidad. Respetando el tiempo de gestación que necesiten, cuidando de su vivencia como si fuera la nuestra propia.

Si nuestro bebé ya ha nacido y no hemos podido/sabido defenderle de dicha agresión, pedirle disculpas por nuestra incapacidad y explicarle lo que ha pasado, poniéndole palabras a lo que siente. Ahora, es cuestión de acompañarle con la comprensión del sufrimiento que se le ha podido ocasionar. Recordar que necesita mucha contención, piel, brazos, teta y amor. Es importante en este punto, no flagelarse con lo que pasó. Cuando las cosas no se saben uno no es culpable, sino responsable y esa responsabilidad es la que nos impulsa a buscar la forma de subsanar en lo posible las consecuencias de nuestros actos.

– Si nuestro hijo ya tiene una edad en la que puede comprender, también podemos explicarle como fué, disculparnos y darle la posibilidad de ponerle palabras a los sentimientos que contiene. Además de procurarle alguna herramienta que le permita minimizar los efectos que esté viviendo.

Ángeles Hinojosa

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